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Envidio
profundamente
a la
novia de
Rubén
Álamo,
Director
de
Formación
de
Redken,
por
tener
tan a
mano a
un
virtuoso
de las
planchas,
tenacillas
o
cualquier
otra
fuente
de calor
de su
calibre.
En un
par de
minutos,
Rubén me
da media
docena
de
pistas
para
alegrar
el
cabello:
«¿Quieres
unas
ondas al
agua?
Coges un
mechón y
diriges
las
tenacillas
o la
plancha
a la
derecha
y
después
a la
izquierda,
marcando
pequeños
espacios.
Si
prefieres
bucles,
enrolla
un
mechón
en un
bolígrafo
y lo
presionas
varias
veces
con la
plancha,
en
golpecitos
de dos
segundos,
et
voilá!».
Un pozo
de
sabiduría,
Rubén
está de
acuerdo
en que
planchas,
tenacillas,
moldeadores
de todo
tipo,
secadores...
han
puesto
patas
arriba
nuestras
vidas y
hábitos
en el
mejor
sentido
del
término.
Porque
aunque
no
podamos
medirnos
ni de
lejos
con sus
habilidades,
tenemos
una
certeza:
conseguir
un buen
estilo
de
cabello
en un
par de
minutos
y en
casa es
una
maravillosa
realidad.
Un
movimiento
fugaz,
pero
intencionado,
en el
flequillo;
media
docena
de ondas
sensualmente
repartidas
por la
melena;
o unos
mechones
lisos...
Un par
de
minutos,
en
definitiva,
que
obran el
milagro.
El calor
es el
secreto
mejor
guardado
de todos
estos
accesorios
porque,
como
dice
Chelo
del
Cañizo,
Directora
Científica
de
L'Oréal,
«sólo el
calor
consigue
que el
pelo sea
maleable».
Pero
(¿por
qué
siempre
tiene
que
haber
uno?) el
calor
también
puede
convertirse
en el
peor
enemigo
del
pelo.
Cuestión
de
temperatura.
Gabriel
Jiménez,
de la
firma
Amparo
Valera
-un
referente
en
Murcia,
con tres
salones
y una
forma de
hacer
peluquería
muy
exclusiva-
es un
verdadero
experto
en
fuentes
de
calor,
sobre
todo en
planchas,
precisamente
el
accesorio
más
utilizado.
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